












Jesús, por mediación de Tu Madre, que te dió a luz con amor y por intercesión de San José, que se ocupó de Tí, te pido por ese niño no nacido que he adoptado espiritualmente y que se encuentra en peligro. Dales a los padres de ese niño amor y valor para que le permitan vivir la vida que Tú mismo le has preparado. Amén.
La vuelta al Hogar
Se había hecho un aborto y debido a ello estaba alejada de la Iglesia desde hacía veinte años."¿Por qué decidió usted regresar a la Iglesia?", le preguntaron. Su respuesta fue sencilla: "Sentí que volver al hogar era lo más seguro". No se justificó en manera alguna. Había sufrido mucho a raíz aborto; añoraba reconciliarse consigo misma y con los demás, sentirse a gusto, perdonada, sanada, como en casa. Sabía por experiencia propia que la destrucción de la vida de su hijo no le había traído la paz, sino el tormento. Tal como escribió un Ellen Wilson: "No se puede garantizar la felicidad a costa de la vida de otro".
Volvió a la Iglesia, porque la Iglesia es el hogar de los hijos de Dios, una comunidad de fe, una encrucijada sacramental, el encuentro con Dios y con nuestros hermanos; donde los pecados son perdonados y los lazos matrimoniales se forjan.
Algunos temen regresar al hogar, porque piensan que su lo que hicieron es incompatible con la Iglesia: "En un tiempo yo fui cristiano; ahora ya no pertenezco". "Sé que la Iglesia es inflexible contra el aborto. Quisiera regresar, pero no puedo". "Yo maté a mi hijo. Hay demasiada incompatibilidad entre lo que la Iglesia representa y quien yo soy. Todavía me siento incómodo al pasar frente a una iglesia."
A todo esto, la Iglesia compasiva les dice, por medio del poder y la autoridad que Jesucristo le ha conferido: "Si existe un medio de apartarse del hogar, también hay un modo de regresar. Hay manera de reconciliarse" (Juan Pablo II, 1994).
La Iglesia es, pues, ese hogar en el cual la mujer que ha abortado puede reencontrar, o quizás descubra por primera vez, la bondad de Dios y el valor de su persona, por encima del mal que hizo, pues Él, como Padre, no desea más que regrese al hogar.
La reconciliación con Dios: iniciativa del Padre
Según la parábola del Hijo Pródigo, la reconciliación es un don de Dios, una iniciativa de su parte. Nos regocijamos en Dios por medio de Nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos recibido nuestra reconciliación (cfr. Rom. 5,10; Col. 1:20).
La reconciliación con Dios tiene su fundamento en la autoridad espiritual de la Iglesia. La terapia y los consejos pueden ayudarnos mucho, pero solamente el Autor de la Vida tiene en definitiva el poder de perdonarnos y curarnos definitivamente.
Si la Iglesia, por medio del poder del Espíritu y en el nombre del Padre, no puede perdonar el aborto, entonces la muerte de Cristo por nuestro amor en la cruz carecería de valor. Sabemos que eso no es así: "Nos alegramos en Dios mediante nuestro Señor Jesucristo, pues por Cristo hemos sido reconciliados con Dios"(Rom. 5:11). Por eso, el proceso de la curación postaborto es una travesía en la fe. Debo creer que el sacrificio de amor de Cristo en la cruz fue suficiente para perdonar mi pecado.
El reencuentro con Cristo y su Iglesia
Los años pasados desde que la mujer se practicó el aborto hasta que inicia su regreso al hogar, son en muchos casos unos años de ira y depresión, de miedo y frustración, de negación o confrontación. La realidad es obvia: El aborto es un acto de violencia con disfraz compasivo. Aunque muchos al principio no lo ven así, el tiempo se encargará de demostrar que la pena es una consecuencia lógica de la muerte y que no podrán olvidar al hijo que no conocieron.
El regreso al hogar es con frecuencia una intensa travesía espiritual que comienza con la sensación de vacío, debida no sólo a lo que la muerte dejó, sino también a la ausencia de Dios en el alma. Es un proceso de crecimiento y desarrollo espiritual a través del cual la persona llega a tener un conocimiento verdadero, de mente y corazón, de Jesucristo y una experiencia personal de su amor. La persona debe profundizar continuamente su relación con Cristo, presente en la Eucaristía, en su Palabra, y en la Comunidad de la Iglesia. Sin embargo, los que están lejos del hogar deben primero ansiar ese retorno.
Desafortunadamente, muchas personas transigen con su pasado y buscan sustitutivos tales como el abuso del alcohol y las drogas, las relaciones emocionales negativas, la promiscuidad, o el activismo proaborto o "pro-choice". Sustitutos que sólo sirven para agrandar la distancia entre nuestro propio dolor -encerrado y reprimido- y la realidad de nuestra vida diaria. Algunas veces toma mucho tiempo darse cuenta de cuál es la causa del propio dolor, y todavía más el saber afrontarlo.
La historia de la Iglesia está llena de momentos de santidad y de pecado, lo cual nos debería servir para reconocer también nuestro pecado y nuestra necesidad de la gracia de Dios. La compasión hacia los otros procede de lo profundo del reconocimiento de nuestro propio quebranto y de la curación que se nos otorgó. "Usted puede llamar a Dios Amor, puede llamar a Dios Bondad, pero el mejor nombre de Dios es Compasión", escribe el gran místico Meister Eckhart.
El marco pastoral, bíblico y sacramental de la curación postaborto
En la comunidad católica hay todo un marco pastoral, bíblico y sacramental donde se puede alcanzar la curación postaborto. "Dios busca el regreso de su hijo, lo abraza cuando llega y prepara el banquete de para celebrar la nueva reconciliación" (Sobre Reconciliación y Penitencia). La mujer que ha abortado no sólo es tolerada cuando regresa al hogar, sino bienvenida. Los Pedro, los Pablo y los Agustín e incontables otros que fueron hijos pródigo nos recuerdan cómo Dios utiliza a los que se convierten del pecado, para que ellos a su vez sean instrumentos de reconciliación de otros muchos. Ciertamente, algunos de los líderes más eficaces del movimiento pro vida y de curación postaborto son los que fueron una vez, no sólo víctimas, sino partidarios del aborto.
La Iglesia da la bienvenida
El enfoque pastoral es consciente de la profunda conversión que se requiere para obtener la reconciliación, a fin de que la experiencia sacramental no sea algo temporal y superficial. Sin embargo, todo esto debe llevarse a cabo dentro de una atmósfera de amor, de amistad y bienvenida. Si no se dan estos requisitos, probablemente la persona no permanecerá lo suficiente para profundizar en el mensaje del amor de Dios y completar su proceso de curación.
Algunos temen que el amor y la aceptación de la madre o del padre del niño abortado vaya a significar una aceptación con su pasado. Hay que vencer este temor, reconociendo que entre los dos extremos contraproducentes, los de la condenación y la tolerancia, está el punto de equilibrio de la compasión. La condenación o la tolerancia, no sólo no logran casi nada, sino que además impiden que la gracia salvadora de Dios se derrame sobre las almas. Sólo mostrando compasión y estando convencidos de la dignidad sagrada de la vida humana desde el momento de la concepción, es como podremos ayudar a quien regresa, para que profundice en la causa de su dolor y se abra al plan salvador de Dios.
Conversión progresiva y profunda
El proceso de curación implica una conversión progresiva y un examen exhaustivo de su proceso. Todo lo relacionado con el aborto (personas, lugares y cosas conducentes a él) deben ser revisados a la luz del plan de Dios y aplicados a la vida presente de la persona. Si el aborto se considera sólo como un "momento aislado" de la vida, es muy posible que se pueda repetir. Por lo tanto, es muy importante preguntarse: "¿Qué es lo que influyó para que tomará esta decisión en ese momento tan vulnerable de mi vida?,¿en qué debo yo cambiar?, ¿qué debo abandonar?, ¿qué debo enderezar aquí y ahora, para que pueda aceptar completamente y sentir la gracia sanadora de Dios y para que el aborto no se vuelva a repetir?"
Una respuesta franca a estas preguntas y un profundo compromiso con sus respuestas conducen a una verdadera metanoia y penitencia. Cambiar de vida a la luz de la Palabra de Dios y en armonía con el cambio de parecer" (Sobre Reconciliación y Penitencia, p.10).
El contexto pastoral desemboca en la vivencia bíblica cuando la víctima del aborto traza su propia historia. Es útil para ello que la persona escriba su propio relato varias veces, identificando cada vez sus sucesos con sucesos bíblicos comparables. La mujer que abortó, por ejemplo, puede identificarse con los personajes bíblicos que lucharon para ser fieles a Dios -que incluso llegaron hasta dar la vida-, mientras a su alrededor estaban clamando la muerte: Abrahán, Moisés, David. Las mujeres de la historia bíblica, Sara, Rut y Ester, entre otras, pueden ser servir de inspiración, no solamente por sus éxitos, sino también por sus temores y fracasos. ¿Cuándo, cómo, por qué me sentí como aquélla persona de la Biblia?
La necesidad de perdonar
Generalmente, no somos libres porque no sabemos perdonar. La libertad espiritual, psicológica y aún física de la mujer que ha abortado puede tener mucho que ver con su capacidad de perdonar a quienes tomaron parte en el aborto. Todos los que la animaron o aún guardaron silencio durante el acontecimiento pueden jugar un papel importante en su viaje hacia la curación y la reconciliación. Ella todavía tiene que perdonar a su bebé por venir "en un tiempo inoportuno". Su novio, su marido, el médico o la enfermera que la atendieron, su padre o aquella amiga... todos ellos tienen que ver con su dolor y con su camino hacia la curación y reconciliación.
La conversión del corazón generalmente precede a la intelectual. No "pensamos" un nuevo estilo de vida, sino que experimentamos y vivimos "un nuevo modo de pensar". La conversión del corazón es iniciada por la gracia de Dios, a menudo mediante el contacto con una Iglesia pastoral, amante y compasiva. Esta conversión del corazón es la que desencadena el deseo de conocer el contenido de la Revelación y la que lleva a una transformación de la totalidad de la persona.
En esta travesía hacia la curación no se camina solo, Jesucristo, la Virgen María y los santos nos acompañan y ayudan: "El primer medio de esta acción salvífica es la oración. Es seguro que la Santísima Virgen, Madre de Cristo y de la Iglesia y de los Santos que han llegado ya al final de su jornada terrenal y poseen la Gloria de Dios, sostienen por medio de su intercesión, a sus hermanos peregrinos por el mundo, en el compromiso con la conversión, con la fe, con el levantarse otra vez después de cada caída, con el actuar a fin de ayudar al crecimiento de la comunión y de la paz en el mundo." (Pablo VI, Clausura de la del Concilio Ecuménico del Vaticano II, 1964)
Los santos no sólo interceden por las mujeres y hombres que luchan por retornar al seno de la Iglesia, sino que con el ejemplo de sus vidas los ayudan para convertir su sufrimiento en un acto de amor. Ellos nos enseñan a mirar nuestras vidas a la luz del misterio pascual, por medio del cual todo lo que nos sucede debe ser referido según la Vida, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. No se puede llegar a la Resurrección sin pasar por la Cruz.
El Arzobispo Fulton J. Sheen dijo una vez que "la tragedia más grande no es que la gente sufra, si no que no tienen a nadie a quién amar y a quién ofrecerle su cruz". El proceso curativo expande y dilata nuestra capacidad de amar y de ser amados, por nuestro Dios, por nosotros mismos y por los demás.
En el marco de la Crucifixión
Jesús fue clavado en la cruz por nuestros pecados. María se mantuvo al pie de la cruz con una fe inalterable carente de todo consuelo.
El niño abortado también está clavado en la cruz de un mundo violento y pecador, que dice no tener sitio para él. Y la madre afligida que lo abortó también se encuentra al pie de esa cruz, después de haber sido encañada y de haber negado su propia maternidad.
La relación entre las dos -María, la Madre de Jesús y la madre del niño abortado- se entrelaza por medio de la Muerte y Resurrección de Jesús. Son los brazos de Jesús los que abrazan extendidos desde la Cruz, tanto a su Madre, como a la mujer arrepentida. Ésta última debe agradecer a Jesús la amistad, el consuelo y el apoyo que le proporciona su Madre. Es con frecuencia la obscuridad de la fe, la falta de esperanza y la desesperación, lo que impregna y eclipsa la vida de la mujer que abortó. Ella necesita abrirse a la esperanza y fortalecerse en la fe mediante una relación personal con la Madre de Jesús. Debe saber que María también participó de la obscuridad de la fe al pie de la cruz. Ella también sufrió y experimentó la pérdida del Hijo.
La fe no sólo reconcilia con el Autor de la Vida, sino también con el niño que se perdió. Todo esto es posible pues "el Amor es más poderoso que el pecado" (Su Santidad El Papa Juan Pablo II, en la Encíclica Sumergirse en la Misericordia, 8;15: AAS 72 (1980), 1233-1207; 1231).
El sacramento de la Reconciliación y de la Penitencia
"Los que se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones (LG 11).
Para la recepción de este sacramento es importante leer y meditar lo que el Catecismo de la Iglesia Católica enseña sobre él (números 1422-1498).
El sacerdote, como ministro de este sacramento, actúa en "persona Christi". Jesús confiere este poder de perdonar los pecados, por medio del Espíritu Santo, a los apóstoles, hombres ordinarios, sujetos ellos mismos a la asechanzas del pecado: "Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen sus pecados, les serán perdonados; a quienes retengan sus pecados, les serán retenidos" (Juan 20:22; Mat. 18:18).
El sacerdote, en la Persona de Cristo, es llamado a relacionarse con el penitente como hermano (también pecador), como pastor, (buscando la oveja perdida), médico (que sana y conforta), maestro (que enseña la verdad y revela los caminos de Dios) y hasta cierto punto, incluso como juez (quien juzga de acuerdo con la verdad y no según las apariencias).
Para los que dudan del poder del sacramento la pregunta apropiada no es "¿puede un hombre perdonar los pecados?, sino, ¿puede la Iglesia perdonar los pecados?". Porque la autoridad de un sacerdote determinado no se basa en él mismo, sino, en la Iglesia que lo autoriza y le ordena hacerlo, en el nombre de la Iglesia que Jesucristo fundó y respaldó con su autoridad.
La recepción de este sacramento bien puede ser, por tanto, uno de los principales momentos de la curación postaborto, porque a través de él, todos los sucesos de su historia personal convergen hacia el abrazo con Dios. La persona se reconcilia con Dios, con los demás y consigo misma.
Antes de la recepción de este sacramento, la mujer que ha abortado puede recoger sus pensamientos escritos en un diario y juntarlos a la historia personal que haya escrito. Puede escribirle una carta al niño que abortó, llamándole por su nombre. A través del aborto ella ha dicho: "Tú no eres mi hijo". En lo profundo de su corazón, pronto oirá a su hijo que le dice:, "Tú eres mi madre." Su hijo, viendo ahora el rostro de Dios, no puede hacer otra cosa que perdonarla. La intercesión de su hijo por ella son partes de su travesía de regreso al hogar. Puede prepararse para el sacramento escogiendo un pasaje bíblico que le ayude a profundizar en el significado de su retorno al Señor y a su Iglesia, por ejemplo Lucas 15.
El momento ideal para recibir este sacramento será cuando la mujer se diga a si misma: "Yo quiero ser perdonada. Sé que Dios quiere perdonarme. Quiero decir sí a su llamamiento y cambiar mi vida". El sacerdote puede sugerirle una fecha que preceda inmediatamente a una fecha festiva: Navidad, Pascua Florida, o el día de las madres, por ejemplo.
"La confesión de los pecados no se puede reducir a un mero intento de liberación psicológica, aún cuando corresponde a esa legítima y natural necesidad, inherente en el corazón humano, de abrirnos unos hacia otros. Es un acto litúrgico, solemne por su dramática naturaleza, pero humilde y sobrio en la grandeza de su significado. Es el acto del Hijo Pródigo que regresa a su padre, quien le da la bienvenida con el beso de paz. Es un acto de honradez y valentía. Es un acto de confiarse, más allá del pecado, a la Misericordia que perdona" (Sobre Reconciliación y Penitencia," p. 121).
Para la víctima del aborto, que ha experimentado numerosas visitas a terapeutas y consejeros, quienes tal vez pueden haberla ayudado de muchas maneras, pero, sin tener la autoridad de asegurarle el perdón y la paz de Dios, este elemento es particularmente crucial. El sacramento no es la terapia ni la terapia es el sacramento, pero ambos unidos pueden coincidir, trabajando juntos, hacia la meta común de la curación emocional y espiritual. La gracia construye sobre la naturaleza y a través de ella.
La contrición es el principio y el meollo de la conversión y reconciliación, un rechazo claro y decisivo del pecado cometido por haber ofendido a Dios que me ama tanto, junto con la resolución de no volverlo a cometer. La verdadera contrición es extremadamente liberadora, porque nos libera para volver a Dios y para aceptar su Amor. Para muchas mujeres quebrantadas por el aborto, la contrición las ha liberado para aceptarse a sí mismas, tras años de odiarse y autodespreciarse.
Cristo gritó: "Lázaro, sal fuera". Jesucristo nos invita a salir de las tinieblas de la muerte a la luz redentora de Cristo. "Desatadlo y dejadlo ir " (Juan 11). Somos libres para vivir una vida nueva en Dios.
Reconciliado con Dios, tan sólo queda acercarme a Él en la Eucaristía: "Yo soy el Pan de Vida; el que viene a Mí nunca tendrá hambre y quien crea en Mí nunca tendrá sed" (Juan 6:35). Señor, yo soy indigno, pero gracias, gracias, gracias por amarme tanto y perdonarme.
Nota: Este artículo es parte de la ponencia presentada en la "Conferencia Cumbre Sobre el Período Posterior al Aborto" por un equipo de expertos y coordinado por el Rev. Michael T. Mannion, encargado de la edición.
Rev. Michael T. Mannion, S.T.L., M.A., "Abortion and Healing: A Pastoral Church Responds in Word and Sacrament," en Rev. Michael T. Mannion, Post-Abortion Aftermath: A Comprehensive Consideration, Writings Generated by Various Experts at a 'Post-Abortion Summit Conference', (Kansas City: Sheed & Ward, 1994), 106-118. Con la autorización del autor. Para obtener este libro, diríjase a: Sheed & Ward, 115 E. Armour Blvd., P.O. Box 419492, Kansas City, MO 64141, U.S.A. o llame al (800) 333-7373
Por una parte deseábamos y planeábamos tener este hijo y no pensamos que teníamos derecho a elegir, como diciendo: "lo conservaremos en tanto reúna lo que esperamos de él..." Nunca sabemos lo que vamos a obtener cuando nos decidimos a crear otra persona. ¿Y por qué decidir de antemano que un niño con minusvalía ha de ser una experiencia negativa? Doy las gracias a todos nuestros hijos, con sus defectos y sus cualidades, por la alegría y la riqueza que han traído a nuestras vidas.
Si me hubiese sido posible conocer de antemano la frustración de su vida, ¿habría deseado un aborto? Con plena conciencia de mi angustia y desesperación, mi respuesta es no. No lo hubiera deseado. Incluso con pleno conocimiento, hubiera escogido la vida; y esto por dos razones: primero, porque me da miedo este poder de elección entre la vida y la muerte en manos de los hombres. No alcanzo a ver un ser humano en el que pueda confiar tal poder. No basta la sabiduría humana, ni la integridad humana. Segundo, la vida de mi hija no ha carecido de significado. Verdaderamente, ha proporcionado consuelo y apoyo práctico a muchas personas que son padres de niños retrasados, o que ellas mismas tienen alguna discapacidad. Bien es verdad que lo ha conseguido a través de mí, pero sin ella yo no hubiera logrado aprender a aceptar esa pena inevitable ni hacer que esa aceptación fuera útil a los demás.
En este mundo en el que la crueldad prevalece en tantos aspectos de nuestras vidas, yo no añadiría esa nueva carga que supone el poder elegir la muerte en lugar de la vida. Un niño retrasado, una persona disminuida, brindan a la vida su propia aportación, incluso a la vida de los seres humanos normales. Esta donación se resume en las lecciones de paciencia, comprensión y piedad, lecciones que todos necesitamos volverlas a vivir y practicar unos con otros, seamos los que seamos.
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“Estoy asombrado de cuán primordial es la comunicación”, dijo Jim Scantlin, el padre de la paciente, que vive en una residencia para discapacitados en esta localidad de Kansas. “Es un elemento clave de humanidad”, dijo.
Durante dos décadas todo lo que Sarah podía hacer para comunicarse era parpadear una vez para indicar “no”, y dos veces para indicar “sí”.
Betsy Scantlin, la madre de Sarah, dijo que ella “sabe quiénes somos, pero no podía comunicarse con nosotros”.
Este fin de semana los Scantlin ofrecieron una pequeña fiesta en el centro de cuidados médicos para presentar a Sarah a las amistades, otros miembros de la familia y la prensa.
Sarah tenía 18 años y estudiaba en el Colegio Comunitario de Hutchinson cuando fue atropellada el 22 de septiembre de 1984, mientras caminaba hacia su automóvil tras una fiesta con sus amigos.
La joven sufrió graves heridas, fracturas de huesos y quedó incapacitada para hablar. El conductor huyó del sitio y luego que fue identificado, detenido y juzgado cumplió una sentencia de seis meses en prisión.
Uno de los testigos del incidente, John Moore, quien es ahora un detective de la Policía, relató cómo él y otras personas vieron que Sarah era lanzada a varios metros y caía golpeándose la cabeza.
“Creí que había muerto, o que no iba a sobrevivir”, dijo Moore.
Sarah, ahora de 38 años, había empezado a hablar en enero, pero había pedido al personal del centro de cuidados médicos que no dieran la noticia a la familia hasta el día de San Valentín, que se celebra hoy.
Pero la semana pasada Sarah no soportó su propia impaciencia.
Los Scantlin recibieron una llamada de la residencia para pacientes Golden Plains Health Care Center y la enfermera Jennifer Trammell le preguntó a la madre de Sarah si estaba preparada para una gran sorpresa.
“Alguien quiere hablarle”, dijo Trammel y se escuchó la voz de Sarah:
-Hola, mamá
-¿Sarah eres tú?, preguntó Betsy.
-Sí.
-¿Cómo te sientes?
-Bien.
-¿Necesitas algo? agregó emocionada la madre.
-Más maquillaje.
Incrédula en su alegría Betsy preguntó a la enfermera si Sarah de verdad había pedido más maquillaje.
“Ahora es Sarah otra vez, cien por ciento Sarah”, dijo Jim Scantlin.
“Está usando toda su capacidad al máximo, es emocionante. Tenemos de vuelta a Sarah y es el mejor regalo en el mundo”.
De todos modos, Sarah ha quedado con secuelas del accidente: sus piernas se mueven de forma espasmódica, su pie derecho está torcido hacia atrás y los músculos del cuello están tan constreñidos que tiene grandes dificultades para tragar la comida.
El médico Bradley Scheel, que cuida a Sarah, dijo que no sabe exactamente porqué la paciente volvió a hablar de forma repentina, pero supone que puedan haberse regenerado algunas conexiones cerebrales críticas para el habla.
Adopcion Espiritual
Sectarismo abortista
El 19 de octubre, Life Site informó que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (siglas en inglés, PACE), adoptó una resolución sobre “Mujer y Religión en Europa”, por la que se recomienda a los países miembros de la Unión “asegurar que la mujer no sea víctima de leyes y políticas inspiradas en principios religiosos, como las que restringen el acceso al aborto”.
De lo contrario, para la Asamblea se estaría ante un caso de “intolerancia y discriminación” por parte de las religiones machistas, con jerarquías dominadas por hombres, (obvia referencia a la Iglesia Católica). Siguiendo en esa tónica la resolución también condena “enérgicamente” a las religiones que sostienen “una cultura patriarcal que imponen como ideal a la mujer esposa, madre y ama de casa”, el documento considera “discriminatorias esas formas de vida”.
La resolución fue presentada por la suiza Rosmarie Zapfl-Helbling del European People’s Party, que durante el debate -junto con otros parlamentarios- arremetieron contra la Iglesia Católica acusándola de ser la causa de la epidemia de enfermedades trasmitidas sexualmente. Argumento que también enarbola el grupo de apóstatas Católicas para el Derecho a Decidir, acusando a la jerarquía católica de crímenes de lesa humanidad por “no autorizar el uso del preservativo”.
Según la eurodiputada suiza todos los ciudadanos, “así como llevan ropa interior, deberían añadir a sus elementos de consumo diario una provisión de preservativos”. (Aunque en este boletín no hacemos este tipo de comentarios, esta vez permítanoslo el lector: dudamos, por sus mismos dichos, que la diputada use ese tipo de ropa ya que su propuesta es propia de una cuartelera, con perdón de las cuarteleras).
Libertad para abortar y libertad religiosa
Continuando con su perverso discurso, Zapfl-Helbling y sus aliados, exigieron a los países de la Unión que “la libertad religiosa y el respeto a la cultura y a la tradición, no debe justificar la violaciones de los derechos de las mujeres, incluidas la niñas, obligadas a aceptar códigos religiosos que les impiden el acceso a cualquier clase de medios contraceptivos. En este tema las menores de edad deberán verse libres de cualquier injerencia familiar o social”. Para Zapfl-Helbling, la verdadera libertad religiosa es la que permite, social y jurídicamente, el crimen del aborto y cualquier otra aberración sexual.
A la vez, Life Site, informa que la Asociación Sueca para la Educación Sexual (RFSU), presentó al Parlamento Europeo, avalada por 17 de sus miembros, representantes de 12 países, la propuesta titulada “El Aborto, un Derecho para todas las Mujeres de la Unión Europea”, dirigida a declarar violatorias de los derechos humanos de las mujeres las legislaciones locales que prohíban o limiten “el derecho al aborto”.
El aborto no es una cuestión religiosa
El enemigo con mala fe e ingenuamente algunos católicos siguen planteando la cuestión del aborto como una cuestión religiosa.
El aborto, para toda persona de buena voluntad cualquiera sea su religión, no es primariamente una cuestión religiosa, sino que es lisa y llanamente un crimen, el asesinato del niño por nacer, un atentado contra el orden natural. Si “no matar” fuera un principio exclusivo de alguna fe religiosa, quien no la profesara tendría patente de corso para eliminar a quien le viniera en gana.
También es claro, como nos dejó dicho Juan Pablo II, que así como la Iglesia reinvindicando el orden natural -común a todos los hombres- salió en defensa de la clase obrera en el siglo XIX y principios del XX, en la actualidad -por imperio de la ley natural y también de la ley de Dios- se ha convertido en la principal, pero no en la única, defensora del más inocente de los seres humanos, el niño no nacido en el vientre de su madre.
Dos errores que debemos evitar
Oponernos al crimen del aborto “como católicos”, y así dejar el campo libre para que, quienes dicen no serlo asesinen a mansalva a niños no nacidos y en muchos casos también a sus madres, es un error que debemos evitar.
El otro, tan peligroso como éste, está en consentir “dialogar” sobre los principios de orden natural. Consensuar el derecho natural, universal -válido para todos los hombres- e inmutable, es negar el mismo derecho natural.
Ni la vida humana del no nacido, cualquiera sea su grado de gestación; ni el matrimonio como unión exclusiva e indisoluble entre un hombre con una mujer; ni la unidad entre fin unitivo con el procreativo del acto matrimonial; ni el derecho de los padres a la educación de sus hijos, etc., pueden ser objeto de diálogos ni consensos.
Otra cosa distinta, como lo enseña Juan Pablo II en la enc. Evangelium Vitae, es tratar de acotar, limitar, los daños de la ley inicua ya promulgada, sólo en ese caso y con esos fines es lícito negociar y sólo en orden a restringir los daños del orden jurídico positivo inicuo, y siempre con la intención de abrogarlo -derogarlo- definitivamente.
| El pasado jueves 27 de octubre tenía lugar la presentación del informe 68/2005 de la Fundación Alternativas. Bajo el título “El aborto en la legislación española: una reforma necesaria”, su autora, la catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, Patricia Laurenzo Copello, insistió en la necesidad de derogar el vigente art. 417 bis del antiguo Código Penal que contempla el aborto provocado como delito. Decimos que insiste porque ya en 1990, la catedrática Laurenzo abogaba por sacar el tipo penal en el libro “El aborto no punible” editado por Editorial Bosch. El Código Penal de 1995 no introdujo los supuestos despenalizadores que quedaron regulados por la Ley Orgánica 9/1985 y su correspondiente reglamento que desarrolla las circunstancias en las que el aborto no queda penalizado en nuestro país. Sin embargo, según la autora del informe de la Fundación Alternativas, es necesario revisar el sistema ya que en su opinión, “se ha mostrado ineficaz para contener el constante incremento del número de abortos que se practican en España”. O sea, la filosofía Suárez, ya saben: llevar a las leyes lo que está en la calle. ¿Y la “tolerancia cero” con la violencia doméstica? Coherencia. Además, la autora del informe sostiene que el mantenimiento de la criminalidad del aborto resulta inconsistente con el respeto al principio de la autonomía de la mujer. Se le olvida que la autonomía de la mujer debe encontrar sus límites en los derechos de un tercero, en este caso, su hijo. Y es que a Laurenzo probablemente también se le olvida que la sentencia del Tribunal Constitucional 53/1985 que declaró constitucional el aborto en determinados supuestos, reconoce expresamente el derecho a la vida del nasciturus. Más. La “experta”, reconoce que desde hace algunos años “se percibe cierta normalidad” en la “ejecución” -nunca mejor dicho- de las eufemísticas interrupciones voluntarias del embarazo. Sin embargo, Laurenzo se muestra incómoda porque exista abierta la posibilidad de un control judicial. La justicia, al parecer, debe de penetrar en nuestros hogares hasta la cocina, pero en la decisión de abortar, debe quedar al margen. Más coherencia. Y es que a Laurenzo le preocupa que la maquinaria judicial pueda ponerse en marcha por “un novio despechado, un marido indignado por el anuncio de separación o por los padres contrarios al aborto de una menor de edad”. O sea, que la catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, digamos que no confía demasiado en el modelo judicial garantista. Por supuesto, Laurenzo aboga por el sistema que “deje la decisión última en manos de la mujer”. Por ello propone la no punibilidad del aborto dentro de las primeras 12 semanas, el mantenimiento del mal llamado supuesto “embriopático”, que permite acabar con la vida del niño por enfermedad. Y también el mantenimiento del supuesto “terapéutico” en caso de peligro grave para la salud de la madre. Es decir, el coladero del 97,5% de los abortos realizados en España. Conviene recordar que el aborto provocado nunca cura nada, tal y como se puede observar en el informe elaborado por el comité científico de la Asociación de Víctimas del Aborto (AVA) sobre las consecuencias para la salud física o psíquica de la madre. Y ya puestos, Laurenzo pretende la modificación de la Ley 41/2002 de 14 de noviembre para “dar relevancia con carácter general al consentimiento de las menores de edad que hayan cumplido los 16 años”, cargándose de esta manera el principio de la patria potestad. Por supuesto, Laurenzo también aspira a una regulación de la objeción de conciencia que “compatibilice” este derecho con los “intereses legítimos de la mujer embarazada”. Lo que llama la atención es que Patricia Laurenzo haya tenido la falta de decoro de presentar este informe con la presidenta de la Asociación Nacional de Clínicas Acreditadas para la realización de Interrupciones Voluntarias del Embarazo, Eva Rodríguez . En la presentación del informe estaban también presentes la parlamentaria Elena Vívoras , el senador Joaquín A. Bellón ; la investigadora del CESIC Margarita Delgado , el catedrático de Derecho Penal Juan Carlos Carbonell , la escritora y ginecóloga Elena Arnedo y el supervisor de Sanidad de la Fundación Alternativas, Javier Rey . Gente “progre”, que se llama ¿Qué dirán los aborteros sino que hay que legalizar más su fenomenal negocio? No es la primera vez que se encuentran. En mayo de 2000, Laurenzo coincidió en Sevilla con el actual portavoz de los abortorios, Santiago Barambio. En el seminario organizado por la Red de Mujeres, Barambio, se permitió decir que el aborto era un “acto médico”. ¿Qué es lo que cura Sr. Barambio? Nada. ¿Genera alguna complicación médica? El entonces representante de la muy lucrativa Tutor Médica, debería saber las consecuencias del aborto, que no del embarazo, para la salud física y psíquica de la madre. Unas consecuencias que se permitió esconder, sin pudor alguno, ante los micrófonos de RNE. Recomendamos la lectura de la revisión realizada por AVA en septiembre de 2005 sobre las consecuencias médicas del aborto provocado. Digan Uds. de una vez que se están forrando a costa de unas mujeres que llegan amedrentadas, asustadas, sin capacidad de respuesta. Digan de una vez que quieren hacer crecer su negocio a costa de dejar a cientos de miles de mujeres en la cuneta. Digan ustedes que cuando una mujer regresa llorando a sus lucrativos centros tras haber arrancado la vida de sus entrañas, ustedes la despachan de malos modos porque no lleva “paquete” con el que engrosar sus cuentas de resultados. Y sí, la catedrática Laurenzo propone el modelo alemán de aborto libre con asesoramiento previo. Bien. Pero, ¿quién va a asesorar? ¿La Federación de Planificación Familiar que recibe financiación de las “clínicas” abortistas? Hace falta que se cumpla la ley, que se ofrezcan alternativas a las mujeres, que la administración apueste con verdadera voluntad política para ayudar a las mujeres con embarazos inesperados a luchar por sacar a sus hijos adelante. Eso es Estado social. Lo demás, son “gestos progres” que nos están saliendo carísimos. ¿Es que no han visto a esas mujeres que se atormentan cada vez que ven un cochecito con un bebé por la calle? Dra. Laurenzo, la autonomía de la mujer no consiste en conducirla hacia un abismo sin vuelta atrás. Luis Losada Pescador |
stá sufriendo mucho”, “Nos estamos quedando sin dinero”, “Así va a estar en paz”, “Nos está desgastando como familia”, “De todas maneras se va a morir”… estos son algunos de los argumentos para poner sobre la mesa la discusión de la moralidad de la eutanasia. ¿A quién se pretende ayudar legalizando la eutanasia?; ¿Se ayuda al enfermo, o a los que deciden su muerte? ¿Alguien se ha propuesto estudiar acaso, qué consecuencias trae en una persona ser responsable de la muerte de un ser querido; sus secuelas psicológicas y morales? “Del griego -Eu bien-, -tanatos muerte-. Acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él. Muerte sin sufrimiento físico” (1). La muerte puede producirse por una acción directa, inyectando o administrando sustancias tóxicas o mortales, o bien por omisión, dejando de proporcionar la asistencia médica o la alimentación básica. DIFERENCIAS CON LA DISTANACIA Y LA ORTOTANASIA Distanacia: “Tratamiento terapéutico desproporcionado que prolonga la agonía de enfermos desahuciados” (2). La distanasia lleva a lo que se ha llamado el encarnizamiento terapéutico, que no respeta el derecho a una muerte digna . Es llamada también ensañamiento terapéutico o encarnizamiento. Al respecto el Papa Juan Pablo II hizo un pronunciamiento aseverando de que la decisión de no adoptar o suspender una terapia, será considerada éticamente correcta cuando resulte ineficaz o claramente desproporcionada al fin de mantener la vida o la recuperación de la salud. Ortotanasia “Es la defensa del derecho a morir dignamente, sin el empleo de medios desproporcionados y extraordinarios para el mantenimiento de la vida” (3). "Es la recta muerte o aceptar el fin de la vida en el momento en que tenga que llegar" (4). En estos casos al enfermo terminal sólo se le aplican medidas paliativas: hidratar adecuadamente, darle oxígeno, controlarle el dolor, lo cual permite vivir dignamente en el marco de una enfermedad. De ésta manera la evolución de la enfermedad lo llevará a la muerte natural. Un enfermo de cáncer terminal, que cae en paro cardiaco o cerebral: 1. DISTANACIA: entubarlo, darle resucitación artificial, recetarles medicamentos… alargar su agonía. 2. ORTOTANASIA: ayudarlo a pasar ese trance con oxígeno, controlando el dolor de tal manera que muera cuando naturalmente deba suceder, SIN alargar su agonía. 3. EUTANASIA: aplicarle una inyección letal para que ya no sufra Algunos argumentos que se usan para legalizar la eutanasia tienen que ver con el sufrimiento físico, se argumenta la necesidad de eliminar el dolor ante una enfermedad sin salida. Otros dan razones más "piadosas", arguyendo que por compasión hay que eliminar el dolor de otro lo antes posible, pues vivir enfermo y con dolor es vivir sin dignidad, vivir enfermo no es vivir. Por lo cual, si no se puede vivir una vida "de calidad" hay que permitir al enfermo eliminar el dolor teniendo una "muerte digna" a través de la eutanasia. Otro argumento comúnmente usado es el desgaste que sufren los familiares y amigos al afrontar una muerte lenta, costosa y emocionalmente lapidaria. Se dice también que el derecho a la eutanasia es un derecho humano, por lo cual hay que legalizarla para que se deje de practicar en la clandestinidad y para que cada quien con su autonomía y libertad decida si toma o no la opción. Al final, cada quien es dueño de su vida y por lo tanto de cómo quiere dejar de tenerla o como quiere morir. "La eutanasia, aunque no esté motivada por el rechazo egoísta de hacerse cargo de la existencia del que sufre, debe considerarse como una falsa piedad, más aún, como una preocupante «perversión» de la misma. “ Juan Pablo II La vida es el primer derecho humano. La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento "por razones humanitarias". Se llega además al límite cuando algunos, médicos o legisladores, se adjudican el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir. De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte; se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de toda relación auténtica entre las personas. Todo enfermo debe recibir el cuidado integral, físico, psíquico, social y espiritual que ayude a evitar el sufrimiento sin prolongar artificialmente la vida ni el sufrimiento, para que pase sus últimos días en paz y con un sentido del dolor y de la vida que aún tiene. El dolor, la prueba, ennoblece, enrecia y purifica, nos hace sabios, emprendedores y comprensivos. Por otro lado, la misión de la medicina es eliminar al dolor, no al enfermo. La medicina es una ciencia inexacta y perfectible y es por ello que hay casos donde se diagnostica que una persona no sobrevivirá y sin embargo acaba recuperándose o viviendo mas de lo que se esperaba. Por ello tomar una decisión arbitraria de acabar con la vida de alguien bajo el argumento de que "de todas maneras morirá" es muy inexacta. Cuando uno está sólo, anciano, enfermo, paralítico tras un accidente... es fácil sufrir ansiedad y depresión que llevan a querer morir. En un país sin eutanasia, los médicos, terapeutas, familiares y amigos se esfuerzan por curar esta depresión, devolver las ganas de vivir y casi siempre tienen éxito. Según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el derecho a la autonomía personal no es superior al deber de los Estados de amparar la vida de los individuos bajo su jurisdicción. El pasado 28 de abril del 2005, la Asamblea Parlamentaria del Consejo Europeo rechazó por 128 votos contra 56 un proyecto de resolución que pedía legalizar la eutanasia en el continente. El parlamentario británico Kevin McNamara, señaló que "liberalizar la eutanasia sería un primer paso hacia el reconocimiento del derecho a matar y no sé a dónde nos llevaría esa pendiente resbaladiza". Como en el caso del aborto, aprobar una ley que permite la eutanasia "con todos los controles que haga falta" no impedirá que se extienda el abuso, los permisos escritos sin examinar al paciente, la laxitud en la aplicación de la ley y el fraude de ley generalizado. “La genuina autonomía comprende no sólo un derecho para elegir, sino la responsabilidad de elegir dentro de ciertos límites. Ninguna ley que permita la eutanasia estará a salvo del riesgo de que las vidas de los que no querían morir sean puestas en peligro. El derecho a la integridad de su vida habría sido infringido. El derecho a morir no está regulado constitucionalmente. Si existiera este derecho absoluto sobre la vida, existirían otros derechos como la posibilidad de vender tus propios órganos o aceptar voluntariamente la esclavitud”. Dr. Brian Pollard En 1950, el promedio de hijos por mujer en el mundo era de 5, hoy, el promedio de fertilidad en los países desarrollados es de 1.6 y hay países como Alemania que solo tiene 1.3 e Italia con 1.2. “Hasta la Revolución Industrial, el índice de probabilidad de contratar a una persona de la tercera edad era de 1 en 40. Hoy, en el mundo desarrollado es de 1 en 7. Para el 2030 será de 1 en 4… Para ese mismo año, la edad de retiro en los Estados Unidos será de 73 años… Hoy en Europa, la edad media (la que divide a adultos de jóvenes a la mitad de la población) es de 38 años. Para el 2050 será de 51 años y en Alemania será de 53, en tanto que en Italia será de 57 años” (5) Todos éstos cambios debidos al control del crecimiento poblacional cuyas raíces han sido la necesidad de incorporar a la mujer en el mercado laboral unido al hedonismo, el individualismo y la comodidad han traído como consecuencia la inversión de las pirámides poblacionales en todo el mundo (VER GRAFICA). Esto a su vez, ha traído la quiebra o el riesgo de la misma en los sistemas de pensiones de muchos países que están hoy viviendo las consecuencias del desequilibrio demográfico… ¿La solución? Algunos la han “encontrado” buscando eliminar a aquellos que están siendo una carga para la sociedad, los ancianos y los enfermos, y por ello se está buscando legalizar una manera de deshacerse de ellos. Hasta hoy han tenido éxito en Holanda y Bélgica. El primer caso registrado legalmente como eutanasia, se remonta a la segunda guerra mundial, En octubre de 1939 Hitler firmó una autorización secreta para proteger a los médicos y al personal médico que la practicaba. El nombre clave de esta operación secreta era T4, su finalidad era matar a niños, adultos y ancianos con discapacidades mentales y físicos que estaban internados en instituciones, sin el conocimiento de sus familias. Durante la fase inicial de las operaciones, de 1939 hasta 1941, alrededor de 70,000 personas murieron en el programa de eutanasia. En el procedimiento del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg (1945-1946), se calculó que el numero total de víctimas era de 275,000 personas. Se demostró que no solo eliminaron “personas enfermas” sino que acabaron abarcando personas indeseables según las características de pureza de raza predicada por el nazismo. (6) Holanda, tras 25 años de lucha, legalizó la eutanasia, hoy es aplicada no únicamente a enfermos, sino a gente que no quiere vivir, como el caso del senador socialista de 80 años Brongersma. En el mismo sentido y por “humanidad” se dejan morir unos 300 bebés al año que nacen con minusvalías. Los números oficiales reportan 1,626 casos de eutanasia y 148 de suicidio asistido en el 2003. Por su parte, el Dr. Jack Kevorkian del estado de Michigan en Estados Unidos, mundialmente famoso con el sobre nombre de Doctor Muerte, comenzó proponiendo con un rasgo “humanitario y científico” practicar la eutanasia a reos condenados a muerte para que “retribuyeran socialmente” algo del daño que habían hecho donando sus órganos. Al cabo de los años, y gracias a algunas denuncias, se supo que éste hombre practicó más de 100 casos de eutanasia activa “por compasión”. Se demostró que no todos los pacientes que mató eran terminales y a otros los mató sin su consentimiento. El juez, al momento de condenarlo comentó “el intento de matar fue predeterminado, pienso que en lugar de pensar en ayudarlo, pensó predeterminadamente en matar”. LIGA A CASO COMPLETO El mejor argumento a favor de la vida será siempre el testimonio de miles de hombres y mujeres en circunstancias muy complicadas que, apoyándose mutuamente, con la ayuda de sus valores, su familia, amigos y profesionales, demuestran día a día que la dignidad del hombre les lleva a vivir con dignidad, enriqueciendo la vida de otros. Luis de Moya, un sacerdote que actualmente tiene 52 años, cuando tenía 38 debido a un accidente automovilístico quedó tetraplégico. Escribió un libro sobre su experiencia: “SOBRE LA MARCHA” (VER EL LIBRO COMPLETO). Algunas de las ideas que muestran el valor de la vida aún en una silla de ruedas y sin una “calidad de vida” optima son las que él mismo vierte en su libro: “Yo no podía, no debía, buscar el mero sentirme cómodo o lo menos contrariado posible entre mis cuatro paredes, como si no pudiera hacer otra cosa, como si ya nadie esperara nada de mí. Si hubiera caído en ese planteamiento, habría condenado mi vida al lamento permanente como telón de fondo. Consentir en esa visión tan negativa de mi situación, supondría –aparte de pactar con una falsedad– autocondenarme al victimismo. Ir por el mundo con complejo de víctima, como dando pena, se me hacía poco gallardo y un tanto falso, porque veía con claridad que teniendo la cabeza sana no había razón para no utilizarla con provecho.” La verdadera «compasión» hace solidarios con el dolor de los demás, y no elimina a la persona, cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia parece aún más negativo si es realizado por quienes --como los familiares-- deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos --como los médicos--, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas. No es mediante el asesinato o el suicidio asistido que se ayuda a las personas a morir dignamente: la muerte verdaderamente digna, la proporcionan sin duda, quienes se acercan al anciano o al enfermo terminal dispuestos a padecer con él, quienes solidariamente se entregan a su cuidado y atención, quienes alivian sus dolores físicos y morales. La muerte nos llegará a todos, no sabemos cuándo y cómo nos va a llegar, sin embargo quienes padecen una enfermedad terminal y que están conscientes que el tiempo es corto, tienen la oportunidad de esperar ese momento, como ellos decidan: con paz y dignidad o con desesperanza. Si tu o un ser querido requieren ayuda para enfrentar una enfermedad terminal, pueden llamar al Instituto Mexicano de Tanatología donde encontrarán el apoyo y la orientación que necesitan: (0155) 5662-1250. http://www.tanatologia.org.mx/

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Afirma Antonio Orozco que " Una sociedad que legitima la eutanasia suicida, es una sociedad que está proclamando su ineptitud para ofrecer una auténtica solidaridad, afecto y cariño a sus enfermos terminales" (7)

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